Compañero de viaje

Mientras chirrían tus arrugadas costuras de bronce (¿o son de aluminio? Nunca he sabido diferenciar metales…), yo sigo cubriendo de bálsamos tus dolores.

Seguiré a tu lado, cuidando de ti como tú siempre lo has hecho de mi desde el primer momento en que nuestras miradas se cruzaron y ambos sentimos ese flechazo, dando comienzo a este viaje que tan maravilloso está siendo a tu lado, mi inefable compañero.

Sólo te pido que aguantes un poco más, que sigas acompañándome en este camino mientras podamos evitar nuestra triste despedida en la puerta del desguace. 

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